Repasando las vacaciones de verano.

Lo confieso, como una mera excusa a no hacer un trabajo más tedioso me puse a repasar las fotos de las vacaciones de verano. Junto con la nostalgia surgió un sentimiento un poco más amargo. ¿Quiero volver a repetir un viaje como éste? Cuando empezamos a planificar las vacaciones me mostré tajante. Quería un viaje tranquilo. Partíamos de que nuestro destino iba a ser Italia. Yo pensaba en pocas ciudades o pueblos en días suficientes como casi  para aburrirse de cada sitio. Nada que ver con lo que finalmente sucedería. Empiezas a buscar información y la información te salta a la yugular y casi no te deja dormir. Los 10 pueblos más bonitos de la Toscana, las 30 cosas que no te puedes perder en Florencia, 250 rincones con encanto… Pierdes la fuerza de voluntad, la disciplina, los principios y te dejas conquistar por las maravillas que te narran en cada portal, en cada agencia de viaje virtual y en cada blog. Finalmente haces un viaje de 11 días en el que ves más de 10 ciudades y pueblos. Agotador. Luego, ves fotos y confundes los  pueblos, los días, los momentos. Por desgracia, no soy de esas personas que memorizan cada calle, cada rincón, cada retablo. Es cierto, haciendo un ejercicio de concentración acabaría sabiendo qué iglesia es de cada pueblo o en qué  pueblo estaba esa iglesia.

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Quiero dejarte claro que mis vacaciones NO han sido un fraude, no es lo que quiero transmitirte. He sido una afortunada y lo llevo siendo años porque me puedo permitir unas vacaciones a medida. Este año condicionadas a que el viaje tenía que ser obligatoriamente en agosto. Ya nos habían advertido de que Italia en agosto era una locura. Es verdad, hay muchísimos turistas. En cuanto a la temperatura, los dos o tres primeros días hizo un calor insufrible; el resto, bastante soportable. La compañía, inmejorable. Los momentos vividos, salvo momentos típicos de tensión causados casi siempre por el cansancio, insuperables.

El objetivo de esta entrada no es contarte con detalle mis vacaciones, sino decir en voz alta que es probable que disfrute más con otro tipo de viaje.  Sin duda alguna repetiría la compañía y alojarme en un piso en vez de en un hotel. Es cierto, el hotel te da infinidad de comodidades pero el espíritu de la ciudad, la vida florentina sólo se respira cuando tienes que ir al Supermercado Conad de la esquina y descubres que la cerveza marca blanca está riquísima; cuando tienes que hacer la separazione y volverte loca luego para saber en qué contenedor hay que tirar cada bolsa; cuando bajas al restaurante de debajo de “casa” a comprar unas pizzas; cuando te cuelas por error en un autobús; cuando las cenas se convierten en risas flojas por el lambrusco más bueno que has probado nunca; cuando estás disfrutando de los quesos que compraste en Pienza, o tal vez fue Montalcino acompañado del famoso Brunello, que, pidiendo el perdón de los expertos algunas acabamos mancillando con unas gotitas de refresco de limón.

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Una vez pisamos suelo español, que nos costó porque nuestro vuelo fue desviado a otro aeropuerto y pasamos momentos de intranquilidad, ya estábamos pensando en el siguiente viaje: Escocia.

¿Seremos capaces de planificar un viaje tranquilo? ¿Nos invadirá la marabunta de información que anda por ahí pululando esperando que alguien caiga en la trampa? Sé que quizá no estés de acuerdo conmigo y que consideres que somos privilegiados al tener tantísima información y contar con innumerables opiniones y consejos de gente que ya ha hecho el viaje antes. Pero también somos innumerables las personas que vamos con un guión de todo lo que tenemos que hacer en nuestro viaje, dónde comer, qué no perderse, dónde alojarse. Una muestra de ello es que todos los pueblos de la Toscana que aparecían en alguna lista de lugares más bonitos o con encanto estaban saturados. Los pueblos estaban rodeados de aparcamientos públicos en las afueras para la cantidad de turistas que reciben. Las pequeñas tiendas que encuentras en cada pueblo son de productos típicos, vinos, quesos, pasta. Creo que en agosto los vecinos del pueblo huyen a lugares más tranquilos.

Si es posible, repetiremos la compañía. En nuestras manos está que sea un viaje más tranquilo y para disfrutarlo 100%.

Escrito por mmbits

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3 Responses

  1. Nuria dice:

    Yo deseo las vacaciones con tantas ganas, que también me autosaturo antes de viajar con planes obligatorios, pero este año, será por temas de salud, a pesar de ir a una capital europea grandísima, sí que vimos algunas cosas típicas… Pero a otras no llegamos, y hemos vuelto sin traumas, pensando en cuando volveremos a viajar y así ver todo lo que nos quedó pendiente. Hay sitios que no te los acabas, o a los que debes volver más adelante. Un arazo.

  2. mmbits dice:

    Pues sí, Nuria. Hay que ser consciente de que no se puede ver todo. En un viaje organizado conocimos a un matrimonio que se podía permitir el lujo de viajar todos los años y ella, además de las vacaciones de verano, hacía viajes a lo largo de todo el año con las amigas. Nos contaba que tenía que conocer todos los sitios posibles antes de morir. Era una obsesión, rozando la ansiedad. Cuando viajar en vez de ser un placer se convierte en una obsesión no sé si es del todo sano.

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