Nuestra pareja.

La vida de una mujer, mi vida, tiene muchos puntos importantes en los que se sostiene, no sólo en la maternidad, en mis dos hijos, sino que un pilar importante es el padre de mis dos hijos, entre otros puntos. Tener un hijo es una bendición y una alegría. Pero también supone un cambio en la relación importante que es una prueba de fuego para la pareja. Son muchos los cambios que supone pasar de pareja a familia y a veces nos pueden superar. En estos casos, la pareja se resiente y, dependiendo del nivel de amor, intimidad, confianza y compromiso previos a la llegada de los hijos, lo gestiona con mayor o menor fortuna. Mi marido y yo, y quizás de ahí viene la reflexión, post de hoy, llevamos juntos 10 años, apenas falta un mes para ello y estábamos muy unidos y, aun así, hemos tenido que capear el temporal como buenamente hemos podido. Porque uno no nace sabiendo y se enfrenta a los cambios lo mejor que sabe que, a veces, no es mucho. Estoy pensando intentando hacer un pequeño listado de aquellas situaciones que pueden suponer un obstáculo para la pareja y una fuente de tensión entre dos personas que se quieren.
Una sin duda es el cansancio, el stress, y el sueño cuando son pequeños. Desde el momento en que el bebé entra en nuestras vidas, perdemos durante unos años esa bendita libertad de elección que siempre hemos tenido. Elecciones y decisiones propias de, “me encuentro regular, me voy a la cama” o “como y ni recojo, luego lo haré, que voy a descansar 10 minutos en silencio en el sofá” desaparecen completamente……una pequeña personita depende exclusivamente de nosotros. Hay que atender a ese bebé, alimentarlo, bañarlo, y simplemente estar con él pese y sin importar lo cansado que estés o lo mal que te encuentres. La prioridad es el bebé, o los niños, a medida que crecen. Criar a un bebé es una labor exigente, y sentir que uno no puede tomarse respiros a voluntad como antes, puede hacer que el cansancio se nos vaya acumulando. Que nos volvamos más gruñones según qué momento y nos movamos por la vida con las pilas a medio cargar. Esto no significa que dejemos de querer a nuestra pareja pero las situaciones de tensión pueden multiplicarse por el simple hecho de estar reventados. Hay que tener paciencia, mucha paciencia, y más paciencia y saber que todas las etapas pasan, y confiar y saber que la pareja es fuerte y el amor sobrevivirá.

Otro punto importante es “Competir por quien trabaja más” Yo entiendo y valoro muchísimo el trabajo de mi pareja, las horas que trabaja, y el peso que tiene en nuestra familia. Pero hoy día hay muchos modelos de familias, en las que mamá no siempre se queda en casa, sino que mamá puede trabajar jornada completa, media jornada, trabaja por horas, por turnos o a días sueltos y a las mamás, cuando no trabaja las mismas horas que papá, siempre le sumamos además el cuidado de los niños (dejemos sin analizar si es justo o no) aparte de casa en caso de que no tengamos ayuda externa ………. Criar un bebé es agotador, especialmente los primeros meses, tener hijos en general es agotador. Un trabajo solitario y poco reconocido en el que te sientes muchas veces desesperada por un respiro, porque aunque he dicho que tener un hijo es una bendición, a veces te tiras de los pelos con ellos. La intensa responsabilidad de cuidar de una criatura que depende de ti para todo, sumada a la “despersonalización” que se siente cuando todo tu día gira alrededor de los niños, que a veces ocurre hacen que muchas veces sientas que no puedes más. Que el silencio de casa cuando no hay nadie y estás tú sola te parece un SPA. Aquí hay que tener mucha empatía con el otro, con la pareja. No entrar al trapo (aunque qué difícil a veces) cuando oímos según qué frases, porque sabemos que no nos llevará a nada entrar en una competición de quién está más cansado, o qué es más duro, la jornada de trabajo o una jornada completa con los críos cuando tienen un día movidito…… 😉

Y aunque nos queramos mucho, y tengamos una lista interesante de cosas en común que compartimos, luego podemos tener puntos de vista muy diferentes a la hora de cómo educar a nuestros hijos porque tu pareja se ha criado con unas normas y un funcionamiento y tú con otro. Si vuestros caracteres, vuestra perspectiva en la crianza y vuestros valores son similares, los problemas que surjan por el camino serán fáciles de solucionar. Si tú buscas una crianza respetuosa y tu pareja es autoritaria, si tú quieres dejar que explore y juegue y tu pareja es maniático del orden o el silencio, pronto saltarán chispas que pueden afectar a los niños, y que si motivan muchas discusiones irán haciendo mella en la relación. Hay que dialogar mucho, explicar las razones de nuestros puntos de vista, negociar y negociar para llegar a acuerdos, ceder en cosas para ganar en otras. Y siempre sin perder la objetividad de que lo importante son los hijos, lo que vaya mejor para la personalidad de los niños.

Tener hijos no significa ni lleva a una separación o distanciamiento de la pareja. Sólo hay que encontrar un nuevo equilibrio, como pareja y… como familia. No hace falta irse un fin de semana a un hotel romántico, que ayuda claro, pero la comunicación, el cómo nos sentimos, el escuchar a otro, el buscar un rato solos en el sofá cuando duermen los peques, el pequeño detalle, ese mensaje que nos saca una sonrisa, o le hace reir a él,….. puede ayudar a mantener y aumentar si cabe la buena relación y el amor de la pareja. Nosotros parece que lo logramos, cómo vais vosotros?
Animo!

Pilares de la pareja

Escrito por Amelie

Amelie

Coautora del libro “Cuaderno de miel y pomelo” junto a su hermana y autora de la novela “Cartas olor a lavanda”. También ha colaborado en revistas literarias.

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