Mi experiencia como hortelana

Repasando las entradas en las que hablo de mi huerto me he dado cuenta de que te dejé a medias con mi experiencia. En la entrada “Operación Huerto”. Parte II te conté que el próximo paso era rellenar la jardinera con 217 litros de tierra. Han pasado muchos meses y ahora toca resumirte qué pasó con la siembra y posterior cosecha.

Compramos los 217 litros de tierra y plantones de tomates, fresas, calabacín y berenjenas. Excepto una planta de tomates cherry, que ya tenía fruto, el resto de plantones eran pequeños. Sembramos y en poco tiempo todo empezó a crecer. Las hojas de los calabacines crecieron de manera espectacular igual que las berenjenas. Los tomates siguieron los mismos pasos y tuvimos que ponerles guías para que resistieran el peso. En el arriate del patio sembramos dos plantas de berenjenas, en la jardinera los tomates cherry, tres plantas de tomates y dos de calabacines. Los calabacines crecieron tanto que no dejaron espacio a los tomates cherry  que  transplantamos a una maceta. Las fresas ya venían en maceta pero la trasplantamos a una más grande.

Nadie dijo que fuera fácil tener un minihuerto en casa. Las altas temperaturas del sur y mi inexperiencia como hortelana hicieron que tuviera que estar constantemente pendiente del huerto. Riego casi a diario, correr y descorrer el toldo a las horas de más calor, ect. Recolectamos muchos tomates cherry, pero al transplantar a una maceta, la planta se secó. En cuanto a los calabacines, no llegaban a crecer, cuando tenían el tamaño de un dedo se secaban. Opté por la polinización manual, pero no siempre estaba en casa cuando las flores macho y hembra se abrían así que fue complicado. No catamos ningún calabacín de las tres matas que sembramos. Las berenjenas en la jardinera no crecían, brotaba la flor pero la berenjena no alcanzaba ni el tamaño ni el color para poder comerla. Sin embargo, las dos plantas de berenjenas del arriate crecieron hasta alcanzar más de un metro y daban unas buenas berenjenas. Con los tomates tampoco tuvimos suerte. Los primeros que salieron, cuando tenían un tamaño bueno para su recolección empezaban a ponerse negros por la base. Según lo que leí era por falta de calcio. Seguí algunos consejos pero apenas pudimos degustar dos o tres.  Apareció la incordiosa mosquita blaca. Las berenjenas estaban plagadas. Seguí algunos consejos pero fue imposible eliminarlas por completo. Las dos matas de berenjetas del arriate enfermaron y pese a seguir dando fruto decidí hace unos días arrancarla. Las plantas de calabacines acabaron secándose al igual que las tomateras. 

La conclusión a la que llego con todo esto es que pese al trabajo que supone es un buen ejercicio de responsabilidad. Te obliga a aprender por qué no crece un fruto, qué cuidados necesita, cómo tratar las plagas. Si lo que pretendes es ahorrar o sacar beneficios de un huerto casero tendrás que tener una superficie considerable, tiempo y  además ponerle muho empeño. Yo, como quiero seguir aprendiendo, este invierno he sembrado brócoli morado y col lombrada y ya estoy pensando en crear más espacio para la siembra de verano.

Escrito por mmbits

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