Luz cálida.

Del salón en el ángulo oscuro, iluminado únicamente por la luz de una tenue bombilla y mirando circunspecto la proyección de su propia sombra en el suelo, Roberto se repetía:

– O no lo estoy haciendo bien, o esto es un gran timo.

De nuevo, cogía la caja y volvía a leer: “Luz cálida”.

– Mañana mismo voy a la ferretería, devuelvo esta porquería de bombilla y vuelvo a mi estufa de toda la vida. Porque esto no caliente nada.

Escrito por mmbits

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