Farolas encendidas.

En Villarriba de Palo Alto, en aquel frío mes de noviembre, nadie entendía porqué las farolas de la calle estaban constantemente encendidas. No importaba que fuera mañana, tarde o noche, ellas cumplían su labor de alumbrar, con más o menos éxito. Ningún vecino encontraba explicación a aquello. Conjeturas, muchas; certeza, ninguna. Claro que nadie conocía a Carmen, la operaria encargada de la iluminación de las calles. Carmen, para quien, con su corazón roto de desamor, ya no existía la luz del día, necesitaba que aquellas farolas alumbrasen su camino, ya fuera mañana, tarde o noche.

Farola encendida

Luz para el desamor.

Escrito por mmbits

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